18.10.26

Infumables: Ender y Amanecer rojo

En busca de nuevas lecturas, me puse con el inicio de dos famosas sagas de las que había oído hablar muy bien. El juego de Ender, de Orson Scott Card, y Amanecer rojo, de Pierce Brown.

A ver cómo lo digo...
El primero lo he dejado a la mitad y el segundo me lo he acabado a duras penas pero dudo infinito que jamás me ponga con las continuaciones.
Ambos libros adolecen del mismo problema, en mi opinión. En su búsqueda de hacer una novela juvenil potente, fracasan estrepitosamente al creer que esa potencia debe basarse únicamente en un protagonista que tenga la edad del lector.
Y ojo, no tengo nada con los protagonistas jóvenes (o menores de edad) si el libro está bien escrito y es coherente.
Coherencia es la palabra que salió por la ventana mientras Scott Card y Brown escribían.

Ya de por sí me dan pereza las historias donde el protagonista es el mejor porque sí, pero es que encima cuando nada les afecta y son superiores per se, no puedo con ello. En los últimos años he leido maravillas de la construcción de personajes como son Nacidos de la bruma (donde vemos a Vin sufrir y tener que aprender, arrastrando un pasado que le lastra y al mismo tiempo la ayuda en su crecimiento), o El archivo de las tormentas (su primer libro es una puta Biblia del viaje del héroe, si alguien las pasa putas y debe aprender su camino, ese es Kaladin), o Medio Rey (otro que las pasa putísimas en su viaje), o cualquier libro de Abercrombie.
En Ender tenemos a un niño que es un super estratega militar porque te lo dicen. Y punto, no protestes. Y asistimos a un chaval capaz de elaborar estrategias y dar discursos sin que haya una coherencia detrás. No voy a hablar del capítulo eterno sobre las redes sociales porque, bueno, es adelantado a su tiempo pero no deja de ser ridículo pensar en dos adolescentes dominando el mundo por comentarios en foros de opinión.
En Amanecer rojo la historia pinta bien al principio, al menos parece que va a haber chicha. Te presentan a ese chaval cuya vida se ha basado en trabajar bajo tierra desconociendo la existencia de un mundo sobre su cabeza, que pasa por un trauma jodidísimo, y que luego es transformado por una fuerza rebelde para que se infiltre en una élite de la que no sabe absolutamente nada, en un mundo de intrigas políticas y sociales de los que no sabe nada ni jamás había soñado que existieran. Y entonces empieza la "academia" y el autor decide que el personaje de repente es super estratega (bueno), y capaz de citar a Ciceron y Platon.
Vamos a ver.
Me estás diciendo que un tipo que ha vivido bajo tierra, sin educación, sabe quien pollas son Ciceron y Platon y es capaz de citar frases. ¿De verdad, Pierce Brown? Me la juego a que el 99% de tus lectores no saben quien era Ciceron. Platón les sonará. Pero vaya, el 100% jamás sabrían decirte una frase de ninguno de ellos. Pero nuestro protagonista sí, claro.
Por no mencionar el hecho de que de repente se maneje en intrigas politicas de nivel interestelar. A ver, que esto es como si a un chaval que jamas ha salido de ls minas de Pakistan le metes de repente en la ONU para que manipule a políticos con el culo pelao. Pero a nivel intergaláctico.
No tiene puto sentido.
Y ya para acabar, que nos vende durante todo el primer acto que el amor profundo e inmortal es su motor... y a menos de la mitad del primer libro ya quiere zumbarse a otra.
En fin. Infumables.