
Porque al final, es el entorno el que convierte a McGill en lo que es. No su padre, ni la estricta sociedad de aquel entonces, ni tampoco su hermano delincuente. El entorno, ese barrio lleno de chavales pecosos y malencarados ante los cuales no querrías cruzarte por la noche.
Aterradora película, y no porque de miedo, sino porque asusta ver lo que es capaz de hacer el ser humano, el sinsentido de las confrontaciones de esas bandas callejeras dispuestas a degollar al contrario solo por demostrar su superioridad.
Y en el centro, McGill. Niño bueno que deviene en demonio.
Gran película. De metraje excesivo que convendría haber recortado, pero gran película.
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